La polilla no tiene la belleza de la mariposa.
Sin embargo, la vida le ha hecho más fuerte.

El miedo


Sobre la cama una sombra grisácea se movía inquieta. Cualquier ruido la desperezaba. Tras una ojeada rápida, volvía a la inmóvil postura: cruzaba sus brazos, la cabeza ladeada sobre uno de ellos, y se sumía de nuevo en sus nerviosos pensamientos. Constantemente, como en una espiral sin fin, volvía a levantar la cabeza, clavaba sus ojos pequeños en la penumbra de la habitación. No pasa nada, pensaba, todo está bien.

Unas gotas de lluvia o el ronroneo incesante que entraba por la ventana la hacía asustarse hasta el punto de temblar. Si fuera un animal, erizaría el pelo de su lomo en señal de alerta. Lo único que podía hacer era buscar en el silencio de la noche el trozo de música macabra que retumbaba allende su refugio.

"A veces el miedo no nos deja hablar", leía en su libro de autoayuda de cabecera. Constantemente recurría a malas artes, magia negra, para poder encontrar a Morfeo. Tres pastillas azules y otra roja y blanca, un vaso de agua, y ejercicios rutinarios de relajación. El miedo...

Muchos terapeutas (psicólogos, osteópatas, acupunturistas) le dijeron que aquello era fruto de su imaginación, debido quizá a un trauma del pasado. Sin embargo, las costosas sesiones no solucionaban nada. La música seguía sonando.

Volar sin alas


Otro despertar. Otra mentira más. Se había hartado de fingir lo que no quería ser, y la angustia le volvía. "Tengo que aprender a volar, el hecho de que sea príncipe no me exime de mis deberes como pájaro".

Como cada amanecer, apenas aparecían los primeros rayos de Sol, abría el ojo izquierdo mientras que con su pico se iba acicalando. Sus plumas doradas resplandecían y atraían las miradas de aquellos humanos madrugadores que andaban con paso lento. Más de una vez tuvo que luchar con una urraca que le quería arrancar una de sus plumas.

Luego avanzó por la rama dando saltitos, hasta que el vacío se situó delante de él. "No tengo ninguna excusa. Saltaré". Y moviendo sus alas, cogió impulso hacia detrás.

"¡Nuestro príncipe no sabe volar!". El pajarito volvió su cabeza en dirección a las voces, y vio a tres pájaros que se burlaban de su miedo. Triste, el príncipe hundió la cabeza en su pecho. Pero un ruido ensordecedor hizo que volviese a mirar en dirección a los tres pájaros. Poco quedaba ya de ellos. Un autobús se los llevó por delante. "He perdido la cuenta de los que se han ido de esta forma". El pájaro volvió a su rama.

Total, completa, absolutamente enamorado



Y para estar total, completa, absolutamente enamorado, hay que tener plena conciencia de que uno también es querido, que uno también inspira amor.

Mario Benedetti.

Me lo merezco



He debido de hacerme mayor
porque ya no creo en el amor
y algo más en el dolor.

Te digo

“Te digo que te quieras, que te cuides, que te protejas, que te mimes, que te sientas, que te ames, que te disfrutes. Te digo que te quiero, te cuido, te protejo, te mimo, te siento, te amo, te disfruto.”

Eduardo Galeano

Little girl lies

"Entonces, ¿no está muerto?". No podía creer que mi mentira se hubiera extendido tantos meses, creyéndomela yo y él, ambos consternados por algo que nunca ocurrió. Cuando me liberé de ella, la verdad nos chocó a los dos. Él respiró tranquilo pensando que ya no era la chica de mirada triste que lleva tatuada la palabra drama en la frente. Yo me di cuenta de que las mentiras no llevan a nada. Después de casi dos años, el gran amor de mi vida (hasta ese momento, porque luego vendrían otros amores igual de grandes, superando al primero, haciéndolo tan insignificante que hoy en día ni recuerdo el tono de su voz, ni el sabor de sus labios angulosos) había vuelto a la vida después de cargármelo en uno de mis primeros cuentos. Comprendí, aterrada, que él me tenía pena y cuando me hablaba con ternura lo hacía con la intención de no dañar más a la frágil criatura que había perdido a su novio de la adolescencia de la manera más trágica posible.

"Tú y yo somos unos farsantes", le dije un tiempo después, "hemos elegido caminos de ficción". Y tenía toda la razón: a través de novelistas, filósofos, teorías constructivistas y justicias poéticas creábamos mundos paralelos al nuestro, haciéndolo más llevadero y mezclando verdad y mentira para encontrar algo que, aún hoy, yo sigo buscando.
 
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