La polilla no tiene la belleza de la mariposa.
Sin embargo, la vida le ha hecho más fuerte.

Te digo

Te digo que te quieras, que te cuides, que te protejas, que te mimes, que te sientas, que te ames, que te disfrutes. Te digo que te quiero, te cuido, te protejo, te mimo, te siento, te amo, te disfruto.”

Eduardo Galeano

Little girl lies

"Entonces, ¿no está muerto?". No podía creer que mi mentira se hubiera extendido tantos meses, creyéndomela yo y él, ambos consternados por algo que nunca ocurrió. Cuando me liberé de ella, la verdad nos chocó a los dos. Él respiró tranquilo pensando que ya no era la chica de mirada triste que lleva tatuada la palabra drama en la frente. Yo me di cuenta de que las mentiras no llevan a nada. Después de casi dos años, el gran amor de mi vida (hasta ese momento, porque luego vendrían otros amores igual de grandes, superando al primero, haciéndolo tan insignificante que hoy en día ni recuerdo el tono de su voz, ni el sabor de sus labios angulosos) había vuelto a la vida después de cargármelo en uno de mis primeros cuentos. Comprendí, aterrada, que él me tenía pena y cuando me hablaba con ternura lo hacía con la intención de no dañar más a la frágil criatura que había perdido a su novio de la adolescencia de la manera más trágica posible.

"Tú y yo somos unos farsantes", le dije un tiempo después, "hemos elegido caminos de ficción". Y tenía toda la razón: a través de novelistas, filósofos, teorías constructivistas y justicias poéticas creábamos mundos paralelos al nuestro, haciéndolo más llevadero y mezclando verdad y mentira para encontrar algo que, aún hoy, yo sigo buscando.

La primera vez que me viste



-¿Qué pensaste la primera vez que me viste?
-Pensé que eras la chica más hermosa que jamás había visto.
-¿Te decepcionaste cuando me conociste mejor?
-¿Cómo puedes pensar eso?
-Soy un desastre.
-Me encanta tu desastre.
-La primera vez que te vi, pensé: “Mira a ese chico, lo voy a amar por siempre, siempre, siempre jamás”.
-¿Y si te hartas de mi?
-No me voy a hartar. Lo prometo.

Ruby Sparks.

Eligió su camino

Lo vi en su mirada. Había tomado una decisión y yo no formaba parte de su plan. La cama vacía, el silencio. ¿Era aquello orgullo? Sólo necesitaba escuchar de su boca unas palabras que reconocieran que lo había hecho mal, sólo necesitaba un abrazo que me subiese el alma que andaba ya por los suelos. Pero no llegaron. Nos hicimos los tontos, los indiferentes que pasean juntos como si ya no se conocieran, como si esa confianza adquirida con el paso del tiempo hubiese desaparecido de un plumazo. "Muy bien", susurré mientras subía sola en el ascensor, "tú ya has elegido por los dos".

Qué triste


Qué triste es sentirte mal y no poder llorar,
ni gritar para alejar las nubes negras,
ni correr para que la distancia cure las heridas.
Vuelvo a ser un animalillo asustado que
se esconde bajo las sábanas, lleno de impotencia.

Mi chica revolucionaria



Voy a escribir un poema social
que hable de nosotros 
que ser pareja 
no es pintarse en un cuadro
y colgarnos en la pared,
ser pareja 
es aprender a hablarle a la cara al miedo,
encontrar el valor para mirarse por dentro
para ser más grande por fuera
y encararse a la vida 
sin chaleco antibalas.

Si te quedas a mi lado
no quiero que seamos espectadores 
en una vida de bajo coste 
quiero ser el protagonista 
de todas tus revoluciones,
escupirle en la cara a los ministros,
insultar al presidente,
lanzar piedras contra la corona,
fugarnos del país 
después de poner una bomba 
en la junta anual de tu empresa 
y que hablen de nosotros en los periódicos 
y en las puertas de embarque de los aeropuertos.

Mi chica revolucionaria 
ya se que desfaso demasiado 
cuando no duermo 
pero es que cada día me gusta menos 
viajar sin ti 
e imaginarte perdiendo el tiempo 
en esa oficina de mierda 
con vistas a la calle más fea de Madrid
para llegar a fin de mes 
haciendo malabares con mil euros.

Tú y yo no somos de contratos 
ni de rutinas indefinidas,
somos más de comer helado de cajeta
a las tres de la mañana
y leer poemas en pelotas 
después de corrernos juntos…

Y nada
que te echo de menos,
que voy a masturbarme pensando en nosotros
y voy a despedir a mi psicóloga 
para huir contigo,
mi chica revolucionaria.

Diego Ojeda
 
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