La polilla no tiene la belleza de la mariposa.
Sin embargo, la vida le ha hecho más fuerte.

A susurros

A veces leo como susurrando para darle más intimidad a lo que escribo. Sé que no hace falta, porque esto no lo lee ni Dios.


Pero aquí me tienes, leyendo y susurrando. Sé que podría escribir mis mayores secretos, aquello que no me atrevo a confesar, las perversiones más truculentas que se me han pasado por la cabeza. Pero, para qué engañarnos, ¿a quién carajo le iban a importar esas chorradas? Hubo un tiempo en el que este blog gozaba de tanto éxito que hasta salía en las noticias, pero hoy ha quedado como en un rincón olvidado, esperando que a mí se me ocurra volver a él para escribir cuando no tengo más escapatoria.

Hogueras

Iba a empezar este post con la famosa frase de Francisco Umbral: «Yo he venido a hablar de mi libro», porque eso es básicamente lo que voy a hacer. Pero luego me he dado cuenta de que mi blog está tan perdidamente lleno de mí que me convierto por momentos en la mayor de las ególatras. Yo, me, mí. Conmigo.


Mi libro inconcluso soy yo. Lo que os muestro son algunas páginas con borrones pero sin censura. Por ejemplo, hace un rato me he puesto a pensar en que todo lo malo se pega. En todas esas costumbres que antes no tenía y ahora sí. La huella del tiempo y de las personas con las que nos cruzamos en algún momento de nuestra vida. Yo antes dormía con la persiana hasta abajo. Y aunque la oscuridad llegó para unas cosas, la persiana había que dejarla bien subida, que entrara la luz de las farolas. Yo antes escribía a lo loco, hasta que descubrí los beneficios del Bloc de notas. Yo antes decía cotillear. Hasta que el vocablo 'churretear' llegó a mi vida. Lo mismo ha sucedido con la expresión 'el ojete torcido', que significa que te has quedado con una sensación rara... Más o menos eso. Tampoco estoy tan segura.

Este post es totalmente atípico. Sé que te has dado cuenta, pero, aunque sea raro como un nabo azul, sigue siendo para ti. Como todo. Tú también formarás parte de mí: tus costumbres y expresiones, tus rarezas. O no. Igual nos consumimos en hogueras.

Tres palabras


Dame tres palabras y te escribiré la poesía más bonita del mundo. Igual no es la mejor en cuanto a estilo y forma. Igual no utilizo tantas figuras literarias como debería y queda simple, como desnuda. Pero si te fijas en el contenido, sin duda será el más bello que puedas leer. Porque será verdadero. Porque será recién sacadito del corazón.

Si tú me das tres palabras (ni una más, ni una menos) yo compondré para ti mis mejores versos. Seguramente nunca vean la luz, puede que hasta no salgan de mi cabeza y su eco ensordecedor. Pero serán para ti, junto con el resto de palabras que, en grupos de tres, componen cada día la distancia que nos separa. El silencio que nos une.

Amor mío


Amor mío, solo en mi pensamiento,
tan solo muy adentro,
te puedo llamar.
Amor mío, amor que solo mío
como un cajón vacío
que no se va a llenar.

Nunca lo voy a decir.
Me lo quedo para mí.
No saldrá de aquí, de mi torre de marfil.
No saldrá de aquí.
Como joya que al mostrarla se estropea.
Tan valiosa que es mejor que nadie vea.
Encerrada en lo más hondo que hay en mí.
Bien envuelta en seda.

E


E c o.

Zapatitos rojos



Y de repente la vi, luciendo zapatitos rojos. Y recordé los nervios ante su llegada, aquella primera caricia de piel suave, su risa infantil.

Ella jamás me recordará y yo nunca podré olvidarla.
 
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