La vida son momentos, Cáncer, la felicidad esos instantes en los que parece que el tiempo se detiene. No sabes ser feliz, no disfrutas de tu vida, tan sólo encuentras siempre el lado negativo de las cosas. Has de transmutar tus pensamientos porque así no llegarás a ninguna parte. Tu vida está compuesta de miles de momentos mágicos: cambia el modo de mirar y los encontrarás. Es decir, no busques lo que no tienes o no te gusta, focalízate en lo que tienes y amas y da gracias por tenerlo. Hoy, deberías de plantearte ese gran cambio: date un masaje, ve a un lugar que te guste o medita con tu incienso y música favorita. Decide ser feliz, atrévete a ello. Verás cómo, en cuestión de días o semanas, todo cambia y se transforma a tu alrededor. Atrévete a cambiar.
Escapa
Escapa.
De todo y de todos.
Y cuando creas que estás lo suficientemente lejos,
piensa en quién querrías ahí contigo.
Así sé yo quién es importante en mi vida.
Carlos Miguel Cortés
Sin título
No puedo cambiar mi pasado, tampoco estoy orgullosa de algunas cosas de las que me arrepiento porque nunca debieron suceder. Pero hay que seguir andando, siempre adelante, intentando encontrar el camino del que un día me desvié.
Soy consciente de que, a día de hoy, yo no soy más que la sombra de la que era, me he dejado llevar por el paso de los días y el aburrimiento se ha adueñado de mí. No obstante, si algo me caracteriza, es esa fuerza que saco de no sé qué lugar, con la que me repongo de cada caída. Necesito que me des la mano... porque a pesar de mis ganas, yo sola no puedo.
Tengo que confesarte de una manera dulce que te he olvidado
“Tengo, del mismo modo,
que confesarte de una manera dulce
que te he olvidado,
que tus fotos son una caricia del pasado
pero en mi mañana ya no te miro,
que he aprendido que recordarte
no es más que un beso a mi herida
para que no se sienta tan sola
como yo cuando me la hiciste,
que aquí hace tiempo que ya es primavera
aunque haya días de tormentas torrenciales
pero mírame: he aprendido a bailar
-quién lo diría, amor,
con esta vida que llevo tan llena de tropiezos-.
No sé dónde estás
pero sé que en el lugar que sea
estarás orgullosa de mí por olvidarte.
Te he olvidado,
amor roto.
Pero no tengas miedo
a que nadie te recuerde:
la poesía jamás te olvidará.”
Elvira Sastre
Lliure
Me he dado cuenta de que la mujer no se siente más mujer cuando esconde el olor de su menstruación o cuando se deja llevar por los cánones de la moda, la belleza y/o demás tejemanejes del patriarcado.
Ayer me sentí mujer porque disfruté libremente de mi cuerpo sin obsesionarme por los kilos de más, las estrías, los pelos incipientes que no debemos tener las mujeres, el recato que aún durante el momento del sexo debemos mostrar para no parecer demasiado descaradas, etc., etc...
Ayer fui mujer-pájaro porque sentía que volaba libre.
Ayer me sentí mujer porque disfruté libremente de mi cuerpo sin obsesionarme por los kilos de más, las estrías, los pelos incipientes que no debemos tener las mujeres, el recato que aún durante el momento del sexo debemos mostrar para no parecer demasiado descaradas, etc., etc...
Ayer fui mujer-pájaro porque sentía que volaba libre.
En resumen
“En resumen querida, que te quiero,
por todo lo que tienes y crees que te falta, por esa vocación a la nostalgia
que niegas sin saberlo…”
Carlos Salem
El viento de los inviernos pasados
“Me invadió un sentimiento de nostalgia y de golpe tuve, tantos años después, muchas ganas de verlo, de sentarme delante de él como lo habíamos hecho en mi imaginación adormecida. Sentí claramente que quería volver a verlo y decirle de verdad que lo recordaba sin resentimiento, que el tamiz de los años había filtrado solamente los mejores recuerdos, que el viento de los inviernos pasados se había llevado consigo el sufrimiento, el llanto y la amargura que sufrí aquellos años ya remotos y que ahora todo estaba bien entre nosotros, y que yo ya me había reconciliado con mi pasado. La última vez que habíamos hablado, yo lo había tratado con dureza y le había dicho cosas que ahora, después de tanto tiempo, consideraba terribles. Aquella última conversación se me había quedado atragantada como un trozo de pan demasiado grande y me hacía sentir realmente mal. Quizá también el paso del tiempo me había hecho ser menos radical, más comprensiva y tolerante. Me mortificaba pensar que lo había tratado con tanta intransigencia, que las últimas palabras que había escuchado de mi boca hubiesen sido tan frías y tan excentas de empatía. La idea de volver a verlo, de poder sentarnos frente a frente una vez más y hablar como dos adultos quedo plantada como una semilla dentro de mí, y sin yo advertirlo comenzó a echar raíces.”
Berta Noy
La vida es bella
"Me olvidaba decirte, que tengo unas ganas de hacerte el amor que no te puedes imaginar, pero esto no se lo diré a nadie, sobretodo a ti. Deberían torturarme para obligarme a decirlo. Que quiero hacer el amor contigo, no sólo una vez, sino cientos de veces, pero a ti no te lo diré nunca, solo si me volviera loco te diría que haría el amor contigo aquí, delante de tu casa, toda la vida".
Tocar el cielo
Como en todas tus fotos mirando al suelo,
escondiendo esa pena insondable
de quien ve demasiado y no puede mentir
y aún así sonríe como un niño.
Ahora
Entonces, un día de otoño
sin cartas y sin manga cautelosa,
te acercaste a mí con esa ternura
que sólo tienen las personas que saben amar,
me lamiste la tristeza
y nevaste sobre mi espalda tiroteada.
Cosiste con la paciencia
de quien cree en lo que espera
las costuras rotas de mi pelo.
Llenaste mi almohada de buenas noches
y mejores sueños
al descansar tu cabeza sobre ella.
Y empecé a acompasar mi respiración a tus latidos.
Y la música empezó a tener sentido.
Un tiempo después, una mañana de esas
en las que el Polo Norte se concentra en toda la ciudad,
te observé descansar agotada y en paz
sobre mi cama mientras escuchaba llover a través de la ventana.
Y de repente, perdí el frío.
Fue así, mirarte, fue el deshielo.
Te contemplé y vi como se reconstruía
la primavera en mi vida.
Las cuatro paredes de mi habitación
se abarrotaron de esas margaritas que sólo saben decir que sí.
Te despertaste y se me llenaron los ojos de pétalos.
Me miraste y te pregunté "¿Qué has visto en mí?".
"Una flor en medio de un campo en ruinas",
contestaste tú.
sin cartas y sin manga cautelosa,
te acercaste a mí con esa ternura
que sólo tienen las personas que saben amar,
me lamiste la tristeza
y nevaste sobre mi espalda tiroteada.
Cosiste con la paciencia
de quien cree en lo que espera
las costuras rotas de mi pelo.
Llenaste mi almohada de buenas noches
y mejores sueños
al descansar tu cabeza sobre ella.
Y empecé a acompasar mi respiración a tus latidos.
Y la música empezó a tener sentido.
Un tiempo después, una mañana de esas
en las que el Polo Norte se concentra en toda la ciudad,
te observé descansar agotada y en paz
sobre mi cama mientras escuchaba llover a través de la ventana.
Y de repente, perdí el frío.
Fue así, mirarte, fue el deshielo.
Te contemplé y vi como se reconstruía
la primavera en mi vida.
Las cuatro paredes de mi habitación
se abarrotaron de esas margaritas que sólo saben decir que sí.
Te despertaste y se me llenaron los ojos de pétalos.
Me miraste y te pregunté "¿Qué has visto en mí?".
"Una flor en medio de un campo en ruinas",
contestaste tú.
Huele a ti
La almohada huele a ti.
A tu sudor y a tus lunares.
Si pudiera besarla
como quiero besarte a ti,
como quiero besarte a ti,
seguramente acabaría
con ella entre mis piernas.
con ella entre mis piernas.
Eres más que deseo.
Eres el Amor con mayúsculas
que andaba buscando.
que andaba buscando.

Recuerdos
Quizá les haya pasado en alguna ocasión. Quizá, alguna vez, caminando por la calle les pareció ver entre el tumulto de la gente a una persona a la que amaron hace mucho tiempo. Apenas fue un instante, un breve destello de luz, el suficiente como para dejar una quemadura en la retina y en el alma. El suficiente como para dejarte paralizado en mitad de la acera sintiéndote al contracorriente de todo, sin saber muy bien que hacer o que decir. Se le llena a uno la cabeza de recuerdos, y el caso es que no estás seguro de que se trate de esa persona. Primero, porque como digo, fue un breve instante, y segundo porque hace tanto tiempo desde la última vez que lo viste.
Todos hemos cambiado en este tiempo. Y tú también aunque te niegues a reconocerlo. Y está bien que así sea. El caso es que uno queda dudando en mitad de la acera, pensando si no será que uno confunde la realidad con el deseo. Quiero decir que quizá sí se trate de esa persona, pero a lo mejor no. A lo mejor uno la desea tanto que la inventa entre la gente. Desapareciendo y apareciendo, apareciendo y desapareciendo.
Y no digo que quedara algo urgente por decir, algo pendiente… Quizá no sea eso, quizá sea sólo un deseo inconsciente, y uno sólo quiere encontrarse con ella para decirle cualquier tontería. Quizá para recuperar un retazo de aquellos tiempos en los que eramos eternos e invulnerables. Quizá sólo para decir “¿Qué ha sido de ti en todo este tiempo?” “¿Qué fue de nosotros?” “¿Qué ha sido de mi”…
Int. noche
Jamás lo escribiría.
No iría hasta tu puerta, eso no ha sucedido.
No te he besado en tu portal.
Jamás me abrazaste, yo nunca perdí el aliento por ti.
No me sacaste a bailar.
No viajé a tu lado, no fui un espectáculo.
Esa no fue la noche que viviste junto a mí.
No hay de qué preocuparse, no me volveré loca, no pensaré en ti.
No me invitarás a desayunarnos, no me quedaré a dormir.
Serás sólo un nombre, no querré volver a verte.
Jamás me vas a desnudar.
No seré tu esposa, no tendré tus hijos.
Esa no es la vida que elegiste para mi.
No será la vida que elegiste para mí.
No recuerdo haberme ilusionado, ni tus manos sobre mí.
Si una vez me destrozaste parece más un sueño que algo que viví.
Hay alguien que cree en un amor que aparece,
Que dura eternamente y es amor.
Pero estamos a salvo de esa ilusión perfecta.
Porque ese alguien no somos ni tú ni yo.
Porque ese alguien no seremos tú y yo.
Porque ese alguien no somos ni tú ni yo.
Nunca pares de soñar
Llevo unos días que, ante la proximidad de los temidos treinta, estoy baja de ánimos. Además, me ha pasado como a un niño cuando le das a probar una piruleta y luego se la retiras: que se queda con la nostalgia de querer más. Me da la impresión de que, pese a haber vivido intensamente estos treinta años, podía haber aprendido más, amado más, escrito más, viajado más... Sin embargo, como la mujer positiva que soy, me quedo con todo lo bueno que la Vida me ha podido ofrecer y me prometo a mí misma seguir exprimiéndola hasta disfrutarla en todas sus facetas y momentos. Ayer me decía una amiga que, a partir de los treinta, comienza una etapa emocionantísima, llena de retos. No los temo. Porque tengo todo lo necesario para que mi planta prospere y las raíces ya están empezando a asentar.
Una flor en un campo de ruinas
Yo era una tarde de invierno,
nostalgia y ceniza en la cama,
los restos de un incendio provocado,
las ruinas que quedan cuando un castillo
es asaltado
sin piedad,
un poema cansado en forma de papel arrugado
en la papelera de una oficina gris.
Tú eras un paseo por el campo en un día de Marzo,
el olor a caricia sobre hierba recién cortada,
el abrazo de bienvenida en la terminal vacía de un aeropuerto,
la hora del recreo,
la tarde del viernes,
la vuelta a casa después del trabajo,
un sábado por la noche,
el polvo de reconciliación de todas esas discusiones
que en el fondo solo son excusas para encontrar
nuevas formas de quererse,
esas eran nuestras credenciales mucho antes
de presentarnos.
Entonces un día de Otoño
sin cartas y sin manga cautelosa
te acercaste a mí con esa ternura
que solo tienen las personas que saben amar,
me lamiste la tristeza
y nevaste sobre mi espalda tiroteada,
llenaste mi almohada de buenas noches
y mejores sueños al descansar tu cabeza sobre ella,
empecé a acompasar mi respiración a tus latidos
y la música empezó a tener sentido.
Un tiempo después,
una mañana de esas en las que el Polo Norte
se concentra en toda la ciudad,
te observé descansar agotada y en paz
sobre mi cama
mientras escuchaba llover a través de la ventana.
Y de repente, perdí el frío.
y mirarte fue el deshielo,
te contemplé y vi como se reconstruía
la primavera en mi vida,
las cuatro paredes de mi habitación
se abarrotaron de esas margaritas que solo saben
decir que sí.
Me miraste y te pregunté ¿qué has visto en mí?
-Una flor
en medio de un campo en ruinas- .
Contestaste tú.
Elvira Sastre
La paz en tu mirada
Vientos de otoño ondulaban sus mechones libres, una Lamia semidesnuda que mostraba únicamente lo que los demás deseaban ver. Ella buscaba entre los rostros desfigurados, las sonrisas serias, las burlas zafias... los años habían transcurrido en su búsqueda, y ya sus ojos enrojecidos hacían su trabajo por la inercia de su dueña. Pero jamás dejaría de buscarlo. Sólo conocía sus ojos. Pero no sabría decir si eran del color del mar levantado o del horizonte crepuscular. Quizá eran verdes, con sombras de dunas marrones, grises amapolas, negros cometas...
Se dormía consumida por un frenesí noctámbulo. Y en sus sueños aparecían los ojos que un día se cruzase. Deseaba ser una Ondina para acabar poco a poco con los posibles pares de ojos. Reducir el círculo. Volver finalmente al lecho marino con ellos. Observalos. Amarlos. Encontrar la paz.
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